Al desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) acompañan verdaderos trastornos económicos. Como prueba, los debates sobre la emergencia, según el caso, de una “ nueva economía ”, de una “ economía digital ”, de una “ economía de la información y comunicación ” y hasta de una “ economía del conocimiento ”.
Las nuevas formas de comunicación van transformando la vida económica en las empresas y obligando a repensar los modos de regulación pública. La publicidad, el marketing, la inteligencia económica constituyen otras tantas formas renovadas de ajuste entre oferta y demanda. Por otra parte, la actividad económica ya no se puede dar sin ser explicada, sin ir acompañada de intervenciones en los media que la transformen o finalmente la “ hagan existir ”. Ante esas nuevas realidades en las que el mundo de la comunicación y él de la economía se van cada día más entremezclando, el diálogo entre ciencias económicas y ciencias de la información y comunicación (CIC) queda paradójicamente limitado. Estudiada como sector de actividad, la comunicación no es todavía objeto de un corpus teórico reconocido por los economistas. En cuanto a las CIC, aunque estas se van inspirando en una larga tradición del estudio de la economía política de la comunicación, sus vínculos con los trabajos económicos recientes siguen todavía flojos. Sin embargo, la información y la comunicación constituyen un factor esencial del conocimiento.
Señalar la paradoja ya es contribuir a favorecer un diálogo interdisciplinar. La cuestión de Internet, la importancia de la propiedad intelectual o también el peso de la redes en las economías inmateriales constituyen otros tantos temas actuales para los cuales este tipo de diálogo resulta particularmente fecundo.
Número coordinado por Joëlle Farchy y Pascal Froissart.